Después de tres años de lucha con mis padres, mi primer piercing.
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Author refutadora
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When A year ago
Studio Devil's House
Location Buenos Aires, Argentina
Desde que nací tuve piercings, prácticamente. Mi mamá mandó a una enfermera para perforarme las orejitas cuando apenas era un bebé y a los 13 años seguí perforándome las orejas hasta alcanzar las 6 perforaciones. Pero desde los 13 años también me obsesioné con tener un piercing facial, lástima que nunca supe dónde ni quién podría hacérmelo, además de tener el típico problema del que todos –salvo unos pocos- suelen tener: los padres y el colegio.

Por un lado mis papás se negaban rotundamente a que yo me hiciera un piercing facial argumentando "te podes infectar", "es antiestético", "no me gusta" y el más aplastante "por que no quiero". Y por otro lado el colegio, que no admite –según el reglamento- perforaciones que no sean los de las orejas.

Fueron pasando los años y mi interés fue creciendo, pero lidiar con mis padres fue imposible. Incluso aprovechando una visita al médico quise persuadir a mi mamá de que las perforaciones son completamente normales y que no corría ningún riesgo, pero el doctor se me puso en contra y me aconsejo a mí y a mi mamá que no me lo hiciera porque "era solo una moda" y "no valía la pena marcarse la piel de esa manera solo por un par de años".

Fue en un viaje a Italia cuando yo tenia 15 años donde conocí a una tía lejana que se había hecho un piercing en la nariz. Le pregunté quien se lo había hecho y como fue su experiencia. Ella me contó que la colocación fue en un segundo, que no dolió y que además quedaba súper lindo. Se lo había hecho en una casa para tatuajes en Scicilia, una provincia al sur de Italia. Me contó además que a pesar de sus 35 años, si su padre la veía con eso en la nariz la iba a retar como me retaban a mí mis padres.

Incluso como dijo todo eso enfrente de mi mamá, pensé que sería la excusa ideal para convencerla de dejarme hacer el piercing de la nariz.

No fue sino un año mas tarde, a los 16, cuando por fin me lo hice. Fue en pleno verano, apenas dos días posteriores a navidad, después de arduos días de explicaciones para convencer a mis padres aún con un año de presiones acumuladas de mi parte.

Averigüé donde podría hacérmelo cerca de mi casa, para no tener que ir hasta Capital Federal que me queda bastante lejos. Entonces fui a dar con un estudio que me brindó la suficiente confianza como para dejarles en sus manos mi nariz. Me contaron cómo procedían, que materiales usaban y por sobre todo la asepsia con la que se manejaban.

La cuestión era que como menor de edad, tenia que estar acompañada por uno de mis padres. Una vez con el permiso de mi mamá, le pedí que me acompañara al estudio. El chico que nos atendió me hizo elegir la joya que iba a usar. Me ofreció unos aros rectos con perlitas de colores, con brillitos, etc., pero mi verdadera debilidad eran las argollitas. Como la condición de hacerme el piercing era si solo usaba un aro recto, al final me decidí por la clásica bolita de metal plateado. El chico nos hizo pasar al cuarto donde se practican los piercings y los tatuajes y nos hizo esperar hasta que terminara de esterilizar el aro, la aguja, la pinza y ponerse los guantes descartables. Primero dibujo un punto negro donde quería yo que quedase ubicado el aro. Una vez de acuerdo con la posición, tomó la pinza, presionó fuerte para que no circulase la sangre y me atravesó con una aguja de 16ga. En la punta de la aguja ubicó el aro, y a medida que la aguja se iba retirando, colocó el aro en mi nariz.

A todo esto, mi mamá estaba a medio desmayar de la impresión.

Sangro un poco, pero después de medio minuto ya había dejado de sangrar. Debo admitir que si dolió, pero fue solo un segundo.

Me aconsejaron usar una solución esterilizadora líquida dos veces al día hasta que se produzca la primera cicatrización (el sellado de la herida), después podría usarla una vez a la semana. Estuve un buen tiempo sin poder tocar mi nariz del ligero dolor que me causaba el nuevo aro, pero después me acostumbre hasta el punto de ni notar que lo llevo puesto. Actualmente suelo cambiar de joya seguido: de aro recto a argollita, de argollita a aro recto ya que ha pasado al menos un año y medio desde la perforación.

Como dije, con mis padres ya no tuve problemas una vez conseguido el permiso, pero solo me quedaba lidiar con el colegio. Nunca logré que me aceptaran con piercing, siempre me retaban. Pero al final no me importó y usé el aro a pesar de todo.


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