Segunda dosis de adrenalina en la sangre
At A Glance
Author Lolita
Contact over_the_edge46@hotmail.com
When Six months ago
Artist Martín
Studio American Tattoo Bs. As.
Location Buenos Aires, Argentina
Habían pasado precisamente seis meses después de haberme hecho mi primer piercing, un labret, y estaba ansiosa por proceder a hacerme el siguiente: el barbell en la lengua.

Fue difícil conseguir el permiso de mis padres. Al principio solamente les hacía la pregunta entre risas, para que fueran adecuándose poco a poco a la idea, semejando que sólo estaba haciéndoles un chiste. Poco a poco la idea fue tomando forma, y mi pregunta acerca del supuesto permiso comenzó a tomar un tono más insistente y serio: realmente quería hacerme ese piercing.

El miedo estaba. Es decir, la lengua es una parte del cuerpo sumamente particular. Tiene movilidad, una textura bastante característica, la usamos todo el tiempo para hablar, y está adentro de nuestra boca. Hacerme la idea de que una aguja iba a atravesarme la lengua no era nada simple, pero las ganas de hacérmelo eran mayores. Además había quedado sumamente contenta después de mi experiencia con el Labret, por lo que sabía que no iba a tener problemas con éste.

Mientras "ablandaba" a mis viejos, me preocupé por investigar algo sobre este piercing. Cómo se colocaba, tiempos de cicatrización, infecciones (que, considerando la zona, pueden llegar a ser MUCHAS, dado que en la lengua siempre hay bacterias), y los métodos para cuidármelo y posibles accidentes. Miré muchas fotos también, y decidí que quería uno en el centro, ni más ni menos.

Tenía muy en claro el asunto de mi próximo piercing, había escuchado algunas experiencias y tenía en cuenta todas las consecuencias que llevarlo podría traerme, en el caso de no cuidármelo correctamente, así que fui alertando a mis viejos de que próximamente me perforaría la lengua.

Opté por empezar con mi vieja, que dentro de todo le hace menos "asco" al piercing y demás modificaciones corporales (menos "asco" no implica que le gusten, claro que no!), y ella no paró de decirme que no iba a dejarme si mi viejo no estaba al tanto. Esa opción era un tanto imposible e incluso llegamos a tener una discusión.

No me rendí. Y decidí que le ocultaría la perforación a mi viejo. Sólo insistiría para obtener el permiso de mi vieja. Así que, una vez más, comencé a investigar si sería posible esconder semejante aro. Digo semejante no por el tamaño, sino porque es un pendiente que es difícil de disimular, puesto que existe la probabilidad de que los primeros días no seas capaz de pronunciar bien algunas palabras, y tengas dificultades para hablar. Escuché algunas opiniones de personas que ya lo tenían puesto y reafirmé mi decisión: definitivamente iba a ocultarle el pendiente a mi viejo.

Así fue entonces que una tarde, apenas llegué del colegio fui a decirle a mi vieja que me iba directo a perforarme la lengua. Que quisiera o no, yo iba a hacérmelo en ese preciso instante. Que ya tenía la plata y la información necesaria como para saber cuidármelo, y que conocía todos los riesgos. Que no había conseguido el permiso de mi viejo, pero que eso no iba a implicar ningún inconveniente. Resignada, dijo que lo que estaba haciendo estaba mal, pero que no podía detenerme, sólo que esperaba que en algún momento mi viejo se enterara, porque no estaba bien que se lo ocultase.

Emprendí camino al estudio, acompañada de mi hermana, quien me llevó. Ella decía que estaba totalmente loca y enferma, por tener ganas de hacer semejante cosa. Yo no le hice caso y seguimos camino.

Cuando llegamos mis nervios empezaron a sentirse, y el corazón me latía muy rápido: tal como fue con el Labret. El saber que estaba a minutos de tener un aro en la lengua me fascinaba, pero a la vez me asustaba un poco. No me imaginaba cómo sería la sensación de la aguja a través de la lengua. Y la adrenalina ya empezaba a sentirse...

Martín (mi perforador elegido!) me saludó y me reconoció instantáneamente. Se dio cuenta que venía por el piercing de la lengua, ya que había estado en el estudio hacía 3 meses atrás para cambiarme el labret y me había preguntado si pensaba perforarme de nuevo.

Así que pasamos instantáneamente al cuarto donde iba a perforarme. Mi hermana no quiso esperarme en el estudio por la impresión que le daba, por eso se fue a dar una vuelta para hacer tiempo.

Martín preparó todo. Me senté y le hice mis últimas preguntas. Un tanto tontas, pero simplemente eran mis nervios y/o paranoia. "A trabajar se ha dicho" y pasamos a lo verdadero de la cuestión: la colocación. Me pidió que sacara la lengua, que tratara de sacarla lo más posible. Me la secó con un papel tissue (para evitar que se acumulara saliva) y marcó un pequeño puntito en el centro. Me dio un espejo para ver si ese lugar me parecía correcto para perforar. Sentí que estaba muy adelante, pero él me explicó que ahí debía ser, ya que no tengo la capacidad de sacar mucho la lengua. Accedí, y él tomó la aguja. Me pidió que me relajara, sacara nuevamente la lengua, y fundamentalmente cerrara los ojos (para no impresionarme al ver la aguja atravesando la lengua). Me explicó que sería algo tan rápido que casi no iba a notarlo, y de esa forma, me relajé un poco. Tengo que aclarar que, por otro lado, estaba bastante entusiasmada por toda la situación misma, por lo que no fue la muer te de nadie.

Y ahí llegó el pinchazo. Sensaciones extrañas sí las hay! Recuerdo lo que sentí con el Labret y puedo decir que no fue lo mismo. Fue otro tipo de sensación. No podría decir que sentí dolor, pero este pinchazo fue algo más profundo, más interno. Sentir la aguja a través de la lengua fue algo muy raro que sentí, y aún puedo recordar esa sensación. Me acuerdo que en ese momento, con mis ojos cerrados, le hice a Martín (con ambas manos) la seña de "Fuck you", para que terminara de una vez por todas. No por el dolor, sino por la impresión. Aclaro que no fue nada doloroso ni molesto. Tampoco desagradable, sino que es una sensación tan rápida, desconocida y rara, que llega a causar algo de impresión.

Después de unos segundos ya tenía mi aro colocado. Me dió un vaso de Coca Cola el cual tuve que tomarlo todo de un trago, y luego un buche de Listerine (enjuague bucal, el que usé durante 2 meses después de la perforación).

Me dijo que no me molestara en verme el aro, que más tarde podría hacerlo (la razón de esto es que, apenas hecha la perforación, y aunque no nos demos cuenta, la lengua sangra mucho). Sin embargo, una vez colocado el aro no sentís ningún tipo de dolor, y al menos en mi caso, no existió (desde el primer momento) ninguna dificultad para hablar, a excepción de la 'r', hablaba normalmente.

Y así finaliza el relato de mi experiencia. Mi hermana me estaba esperando en la puerta y por poco no quería que le hablara. Estaba muerta del susto y sumamente impresionada. Luego de unas horas me pidió verlo y se impresionó aún más, afirmando de nuevo que estaba enferma.

Tuve dificultades para comer sólidos, las cuales finalizaron al cabo de una semana. Fuera de eso, no hubo ningún tipo de complicación, y la cicatrización fue realmente rápida. Por lo tanto, mi experiencia fue todo un éxito.

Respecto al tema de mi viejo, él no se enteró de la presencia de mi piercing hasta hace unas 3 semanas (ya llevo 6 meses con él), cuando un conocido mío se lo contó. Es decir que si hubiese sido por él, jamás lo hubiese descubierto! No se alarmó ni nada, solo río y dijo que estaba completamente loca.

Por último, recomiendo a todo aquel que esté próximo a perforarse la lengua que no tenga miedo de hacérselo y que siga para adelante. Siempre y cuando sepas cuidar tu piercing, no va a existir ningún problema. El pinchazo dura apenas segundos y al menos yo no asociaría dicha sensación con el dolor. Mucha suerte para todos aquellos que estén por perforarse!


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