Me llamo Pedro y vivo en una ciudad pequeña del sur de España que se llama Jaén. Desde jovencito he estado interesado en el anillado corporal, a los 9 años me perforé los lóbulos de las orejas y a los 16 me hice mi primer piercing de estudio, un nosetril. Desde entonces no he parado y mi última región corporal perforada ha sido la lengua.
At A Glance Author Ghaneroth Contact Ghaneroth@bme.anon When A week ago Artist Luis Studio Perceval Tatoo & Piercing Location Jaén, España Es un piercing que llevaba planteándome varios meses, y después de visitar muchas páginas web (BMEzine entre otras) consultar con médicos y amigos que tienen experiencia con el piercing en la lengua, me decidí por fin a probarlo por mí mismo. Llevo otros anillados, pero la lengua me parecía peligrosa porque es un tipo de tejido muy diferente al de la piel superficial y el resto del tejido oral. Es básicamente un músculo y me daba miedo (me imaginaba que sería lo mismo q atravesarme una barra por el biceps). La experiencia de otros y la información médica disiparon todas mis dudas. De todos modos, no ha sido fácil conseguir una buena perforación y he tenido que intentarlo varias veces.
En muchas páginas web he visto el doble perforado de la lengua descentrado (lo que se conoce como "venoms") y estéticamente me enamoró. Consulté con mi perforador habitual y aunque él nunca había hecho un trabajo así estuvo dispuesto a intentarlo. Haríamos primero un lado y una vez curado ese, me haría el otro lado de la lengua. Me tomó cita para un sábado por la mañana y allí estaba yo a mi hora. Me hizo pasar a la sala de perforado y me senté en un taburete. Me dio el anestésico, y mientras yo le daba vueltas en la boca para que me durmiera la lengua, él preparó el instrumental y la pieza q me iba a colocar. Mi lengua no es muy larga, así q pasó bastante rato buscando una localización q no estuviera muy cerca del centro de la lengua, pero que a la vez no se acercara demasiado a los vasos sanguíneos q hay en la base. Yo estaba bastante nervioso porque temía que después de tanto rato se hubiera pasado el efecto de la anestesia, pero no fue así por suerte. Una vez elegido el punto adecuado, me pidió que cerrara los ojos, sujetó mi lengua con las pinzas y atravesó la aguja. Solo sentí un poco de dolor cuando la aguja salió por la parte de arriba de la lengua. La sensación de tener aquello dentro de la boca me agradó al instante. Salí de la sala, pagué y volví a casa muy satisfecho. En casa empezaron mis problemas cuando empezó a pasar la anestesia. Sentía un dolor muy agudo en la lengua y en todo ese lado de la mandíbula y no podía controlar la saliva. No pude ni siquiera beber agua en todo el día y mi lengua estaba enormemente hinchada y blanquecina. Mastiqué hielo picado como me recomendó mi perforador, pero no me aliviaba nada. Por la noche tuve fiebre y mis padres me llevaron al hospital, donde un médico retiró el barbell de mi lengua y me pusieron una inyección para que se desinflamara. Hasta ahí una mala experiencia, pero no me rendí. Volvería a intentarlo cuando me recuperase.
Ese lunes fui a visitar a mi perforador y le comenté lo que había sucedido. Examinó mi lengua y me recomendó manzanilla para aliviar la hinchazón y disolver el nódulo que se había formado en el lugar donde había estado la pieza. En cuanto el nódulo desapareciera del todo, podría intentarlo otra vez. Esta vez sería una perforación en el centro de la lengua, me resigné a no llevar unos venoms. Casi un mes más tarde ya estaba preparado para perforar mi lengua de nuevo. Y volví a tener mala suerte. Otra mañana fui al estudio a volver a perforarme la lengua y se repitió todo el proceso, solo q esta vez la barra fue colocada en el centro de la lengua. Debido a la poca longitud de mi lengua, el frenillo me llega casi hasta la punta, así q la perforación tuvo q hacerse ligeramente desviada hacia un lado, pero no se notaba en absoluto. Salí del estudio y procuré mover la lengua lo menos posible, para evitar que se volviera a poner mal, pero cuando la anestesia empezó a pasar, supe qu e algo no iba bien de nuevo. Mi lengua se amorató y se puso muy dura, la barra estaba clavada y no se deslizaba por la lengua. Me dolía el cuello y estaba mareado. Sabía que un poco de dolor era normal y que la lengua tenía que hincharse bastante, pero la mía no estaba nada hinchada y me dolía mucho. Decidí esperar a ver si se pasaba con el rato, pero llegó un punto en que no pude aguantar más y yo mismo me quité la barra. El dolor se pasó al instante, aunque me estuvo doliendo la cabeza un par de horas. Volví al estudio al día siguiente y mi perforador me recomendó que me esperara un tiempo antes de intentarlo otra vez, porque había algo en mi lengua que no quería que la barra se quedara dentro. ¡Yo quería mi piercing, pero mi cuerpo no! En España hay un dicho que dice "a la tercera va la vencida" así que me decidí a darle la ultima oportunidad.
En una semana el nódulo de grasa que se formó en mi lengua al retirar la barra se había disuelto y yo volví al estudio para la ultima prueba. Esta vez se tomaron absolutamente todas las precauciones y no se dejó nada al azar. Luis se pasó media hora con los dedos metidos dentro de mi boca buscando un punto donde la lengua estuviera suave y prometiera que la aguja pasaría bien. Elegimos un barbell un poco más largo que los anteriores en previsión de la hinchazón y tomamos medidas de higiene que rozaban el absurdo (me cepillé los dientes y la lengua con una pasta antibiótica y Luis se cambió los guantes al menos seis veces) para evitar una infección. De nuevo el anestésico dando vueltas en mi boca, las pinzas y los ojos cerrados. Ya no sé si por buen hacer de la anestesia o por costumbre, la perforación no me dolió absolutamente nada. Solo sentí cuando la barra salió por la parte de arriba. Mi perforador lo sujetó con unas pinzas en lugar de con los dedos y enroscó la bola con tanto cuidado que quise reírme, pero no lo hice, por si acaso. Me prohibió hablar en las 24 horas siguientes ni comer nada que no fuera un liquido frío. Me recomendó tomar mucha manzanilla y un enjuague bucal desinflamante que toman las personas con problemas de encías. Y esta vez, gracias quizá a todo el cuidado puesto, cuando la anestesia pasó descubrí con alegría que la lengua apenas me dolía y que estaba saludablemente hinchada. Fui a la farmacia a pedir (por escrito, porque no podía hablar) los medicamentos que necesitaba y volví a mi casa muy feliz. Ha pasado una semana de eso y ya puedo comer y hablar más o menos bien, solo tengo dificultad para pronunciar un par de letras. Mi lengua está mucho menos hinchada y solo me duele a veces cuando la barra me golpea los dientes o alguna cosa así. Llevo una higiene bucal muy rigurosa y tomo enormes cantidades de manzanilla. Estoy muy orgulloso de que mi persistencia haya dado su fruto y siento que después de esto, soy capaz de conseguir cualquier cosa.
Estoy muy contento con mi experiencia, a pesar de los malos ratos. Mi siguiente proyecto son unas dilataciones en las orejas, pero esperaré hasta que mi lengua esté completamente recuperada. Volveré a escribiros entonces. ¡Buena suerte a todos con sus modificaciones!